La ciberseguridad en el Perú atraviesa un momento de mayor presión. Un reportaje de El Peruano, basado en el estudio global Consideraciones sobre Ciberseguridad 2026 y en la lectura de una especialista de KPMG en el Perú, advierte que la inteligencia artificial ya se está usando para orquestar ataques dirigidos y que las amenazas más frecuentes siguen siendo el robo de credenciales, el phishing sofisticado, la explotación de vulnerabilidades y el ransomware. (El Peruano)
La IA ya no solo ayuda a defender: también acelera el ataque
El cambio más importante no es solo técnico, sino operativo. Según la nota de El Peruano, los atacantes están usando automatización e IA para construir mensajes más creíbles, lanzar campañas más masivas en menos tiempo y perfeccionar fraudes digitales que antes eran más fáciles de detectar. La misma fuente advierte que ya aparecen en el país intentos de suplantación de identidad y phishing automatizado impulsados por estas herramientas, además de un riesgo creciente de deepfakes de voz e imagen para fraudes corporativos.
En la práctica, esto significa que el clásico correo malicioso “mal redactado” ya no es el principal problema. Hoy el peligro puede llegar con un tono profesional, con datos reales del destinatario y con una urgencia diseñada para forzar un clic, una transferencia o la entrega de credenciales. Esa evolución vuelve más difícil distinguir entre una comunicación legítima y una trampa.
Los sectores más expuestos ya no son solo los bancos
El estudio citado por El Peruano identifica como sectores especialmente expuestos a banca, telecomunicaciones, salud, retail y gobierno, por el volumen de información sensible y por la criticidad de sus operaciones. Sin embargo, la advertencia más relevante es que el riesgo ya no depende únicamente del rubro: cualquier organización con procesos digitales críticos puede convertirse en objetivo si tiene debilidades en accesos, monitoreo o gestión de vulnerabilidades.
Ese punto es clave para el tejido empresarial peruano, donde muchas compañías dependen de correo corporativo, facturación electrónica, servidores expuestos y sistemas internos conectados a Internet. En ese entorno, una intrusión no solo puede robar datos: también puede paralizar ventas, detener operaciones y afectar la reputación comercial en cuestión de horas. Esa lectura encaja con la advertencia regional de Kaspersky, que informó que en 2025 América Latina registró la mayor proporción de organizaciones con ransomware detectado, con 8.13%. (Kaspersky)
El Estado peruano también está moviendo ficha
La respuesta institucional no se ha detenido. La Presidencia del Consejo de Ministros señala que el Centro Nacional de Seguridad Digital (CNSD) gestiona, articula y supervisa la seguridad digital a nivel nacional, y que es el único punto de contacto nacional para la coordinación con equipos similares dentro y fuera del país. (Gobierno del Perú)
Además, en junio de 2026 la PCM ha venido publicando de forma recurrente alertas integradas de seguridad digital sobre ataques a entidades públicas y privadas, lo que muestra una actividad constante de monitoreo y análisis por parte del aparato estatal. Entre esas publicaciones figuran alertas fechadas el 1, 2, 4, 5, 6, 8, 13 y 15 de junio. (Gobierno del Perú)
La propia PCM también anunció que el 16 de julio de 2026 realizará un simulacro de ataques cibernéticos para evaluar y fortalecer la capacidad de respuesta de los CSIRT. Esa clase de ejercicios es una señal positiva: en ciberseguridad, ensayar la respuesta antes del incidente suele marcar la diferencia entre una interrupción controlada y una crisis mayor.
Qué deberían hacer hoy las empresas peruanas
La lectura para las organizaciones es clara: ya no basta con “tener antivirus”. El escenario actual exige controles de acceso más fuertes, monitoreo permanente, copias de seguridad probadas, capacitación anti-phishing y una política de respuesta a incidentes que realmente se ejercite. El Peruano recoge justamente esa necesidad de un enfoque integral que combine tecnología, procesos, gobierno corporativo y formación continua para reducir el riesgo asociado tanto al factor humano como al técnico.
Para una empresa peruana, la pregunta ya no es si va a recibir intentos de ataque, sino cuándo y con qué nivel de preparación contará para responder. En un mercado cada vez más digitalizado, la ciberseguridad dejó de ser un gasto secundario para convertirse en una condición básica de continuidad operativa y confianza comercial. Esa es, en el fondo, la nueva frontera competitiva.






